Constante desarrollo urbano.

El continuo desarrollo y crecimiento de las urbes, trae consigo la necesidad de contar con mayor infraestructura de servicios en: escuelas, centros de atención a la salud, lugares de entretenimiento, industria, vivienda, edificios altos con ocupación mixta, y ahora con las reformas estructurales, el interés de invertir y crear empresas debe servir para blindar a las ciudades en pos de mitigar los riesgos; nos obliga a mirar desde otra óptica los retos que de ello deriva en materia de construcción, regulación, seguridad, prevención de desastres y protección civil, ya sea por causas naturales o bien ocasionados por el hombre.

Pero, para entender mejor el tema de los incendios, debemos mirar la historia y lo que sucede no sólo en México sino en Latinoamérica, ya que más del 50 por ciento de los incendios suceden en países que no cuentan con una adecuada y suficiente regulación.

Específicamente, en el tema de la protección contra incendios hablamos de un problema de salud pública y que cada vez son más recurrentes no sólo aquí. 

Hoy la edificación está pasando por un proceso revolucionario, donde la construcción está incorporando nuevos materiales, asimismo, las tendencias hacia el desarrollo de ciudades sustentables que incorporan construcciones de uso mixto, representan nuevos desafíos al ser ocupaciones de alta concentración de personas y que conviven con otros locales que pueden almacenar materiales combustibles dentro de un mismo edificio, cuanto más actividad industrial se desarrolla, más riesgos y posibilidades de incendios existe, entonces la pregunta es ¿nuestras construcciones frente al fuego son del todo seguras? Y ¿las medidas regulatorias de prevención y protección de incendios son adecuadas?

El nivel de exigencia que tiene la normatividad mexicana para la seguridad humana y protección contra incendios es insuficiente, prescriptiva e inspeccionada oportunamente en los tres niveles de gobierno. Por ejemplo, a nivel federal se cuenta con la NOM-002-STPS-2010, la cual requiere de un proceso de actualización acorde al México moderno, los estados cuentan con leyes y reglamentos de protección civil y los municipios con reglamentos, normas técnicas complementarias y códigos de construcción; sin embargo, las exigencias del cumplimiento pueden variar de una entidad a otra.

Conforme a la información desarrollada por el Crew de Revista Contraincendio, es imperativo contar con una normatividad homologada, obligatoria y de aplicación nacional que permita pasar de las condiciones de seguridad mínimas a la protección integral acorde al desarrollo y crecimiento de nuestro país.

Otras de las causas más comunes son los descuidos humanos, la incorrecta o falta de mantenimiento a las instalaciones especialmente en las instalaciones eléctricas y a las de gas, aunado al cambio o modificación del uso de suelo de las edificaciones que, originalmente estaba destinado lo que representa mayores riesgos, es decir, al incremento de ocupantes o de almacenamiento de materiales inflamables. Si un predio que estaba destinado a almacenamiento de materia prima realiza una extensión para implementar un área de producción aumenta los riesgos, por lo tanto, los requerimientos de protección son distintos.

Existe de manera general la visión por parte de los inversionistas la mala apreciación de que la implementación de sistemas de protección contra incendios es más un gasto que una necesidad para preservar su inversión y la protección de sus ocupantes, dado que estos sistemas aparentemente no agregan valor y podrían invertir en mayores acabados que le den más plusvalía o la adquisición de alguna maquinaria que les permita incrementar su producción.

Las necesidades de los bomberos

Los bomberos son en verdad una parte fundamental en el tema de seguridad y quizás la que más deberían de contar con la atención de gobiernos, empresarios y sociedad en general, porque de ellos depende controlar los incendios originados.

Sin embargo, los cuerpos de bomberos no están dentro de una legislación, pero no los contempla como una corporación, la mayoría no cuenta con apoyos federales, estatales ni municipales. Generalmente, son cuerpos voluntarios o patronales por lo que tienen que subsistir por sus propios medios.

Experiencia ajena

En los Estados Unidos se logró reducir significativamente las pérdidas humanas y económicas en 30 años, del 29 por ciento en 1980 a un 14 por ciento en 2010, y sus efectos en el PIB fueron de 3.3 por ciento a 2.2 por ciento; esta reducción se debe a los cambios en la regulación entre los años 70 y 80, al exigir el uso de tecnología de prevención como la detección de humo, alarmas y rociadores automáticos.

No debemos esperar a que sigan sucediendo tragedias como las ya conocidas, debemos de sensibilizarnos ante la problemática y unir voluntades para ser conscientes de los riesgos a los que nos enfrentamos en el umbral de una transformación de nuestras ciudades, en donde la seguridad humana debiera de ser uno de los factores primordiales, además de la continuidad de operaciones de un negocio y limitar las pérdidas económicas para verdaderamente ser una sociedad resiliente.

Fuente: Revista ContraIncendio